Historias / México

Antes de ser un aperitivo,
Nacho era una persona.

Tortilla, queso, jalapeños y alguien que supo salir del paso. Hay currículums que dicen menos.

Vamos al origen ↓
Nacho de tortilla de maíz con queso y jalapeño
Recreación visual con IA; no es una fotografía histórica.
Origen · Curiosidad · Una versión para cocinar

Ignacio tenía un apuro. Y queso.

El origen del plato se atribuye a Ignacio Anaya, apodado Nacho, en Piedras Negras, México, en 1943. La historia más difundida sitúa la escena en el Victory Club: llegaron unas clientas estadounidenses y Anaya improvisó algo para comer.

Los relatos varían en los detalles: unos hablan de una cocina cerrada; otros, de un cocinero al que no encontraba. Coinciden en lo esencial: tortilla frita, queso fundido y jalapeños. El plato acabó llevando su apodo.

Hay quien deja su nombre en una placa. A Ignacio se lo pedimos para compartir.

El original cabía en tres ingredientes.

La preparación descrita era sencilla: piezas de tortilla frita con queso y jalapeño. Las versiones cargadas de carne, salsas y otros acompañamientos llegaron después. Un plato puede evolucionar mucho. Especialmente si todo el mundo considera que le falta «solo una cosita».

Espera: ¿no eran tortillas que iban a tirar?

Ese recuerdo encaja con otra historia. A finales de los años cuarenta, Rebecca Webb Carranza aprovechó tortillas deformes de la fábrica familiar de Los Ángeles: cortadas y fritas, tuvieron salida como chips. Su contribución fue ayudar a popularizarlos.

Son dos historias relacionadas, pero diferentes: una trata del aperitivo con queso; la otra, del aprovechamiento y comercialización de tortillas fritas. No demuestra que Carranza inventara freír tortillas.

Del relato al plato. Sin montar un estadio.

Propuesta casera inspirada en esa combinación sencilla; no es una transcripción de la receta de 1943 ni una receta probada por nuestra cocina.

Para compartir entre dos

  • Unos 100 g de totopos de maíz sin sabores añadidos.
  • 80–100 g de queso que funda bien, como cheddar.
  • Jalapeños en escabeche, escurridos, al gusto.
  1. Calienta el horno a 200 °C y reparte los totopos en una sola capa sobre una bandeja.
  2. Pon queso en cada pieza. Sí, también en esa del borde que siempre sale abandonada.
  3. Hornea unos 4–6 minutos, vigilando hasta que el queso se funda y sin dejar que se quemen.
  4. Añade el jalapeño y sirve enseguida. El queso fundido no tiene paciencia.

Fuentes para seguir el rastro

Ya que has llegado hasta el último nacho

Roma también mojaba en salsa.

La suya llevaba pescado fermentado. Antes de poner esa cara, conoce el garum.

Vale, explícame lo de Roma →Prefiero algo dulce: la historia del chocolate →